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Ausum Cloud


17 Sep 2020

Una situación que implique grandes cambios, como la provocada por la pandemia global, puede convertirse en una oportunidad única para los puestos de dirección a la hora de afrontar el corto y medio plazo. Aunque puede enfocarse de distintas formas, estando al frente de un área corporativa no caben interpretaciones. Hay que remar en la misma dirección y demostrar capacidad de adaptación, flexibilidad, sentido común y liderazgo.

Ahora más que nunca el Chief Information Officer ha de conocer las necesidades e inquietudes de los distintos departamentos (financiero, comercial y marketing, logístico, etc) para dar con las soluciones tecnológicas idóneas que cubran dichas necesidades. Su mirada está puesta en sacar el máximo partido a las tecnologías de la información asumiendo decisiones críticas para la compañía. Por ello se había convertido ya en un cargo imprescindible en el organigrama empresarial moderno, pero en época de pandemia su credibilidad organizacional ha aumentado (una confianza siempre condicionada a demostrar agilidad ante los nuevos desafíos).

Según un estudio de Gartner a 58 CIOs en mayo de 2020, el 43% ha iniciado una estrategia post COVID-19 y un 38% todavía lidia con sus efectos, a la espera de volver a la normalidad en un corto intervalo de tiempo.

El CIO en tiempos del COVID

El papel de los CIO ha sido de gran ayuda en aspectos como la implantación del trabajo remoto de los empleados o el uso de tecnologías colaborativas. A su vez, el incremento de este modelo de trabajo ha puesto a su alcance la oportunidad de participar de forma más activa en las decisiones estratégicas de la empresa e incluso conocer más sobre las líneas de negocio dado su estrecho contacto con los distintos departamentos. Nada como ser testigo de cómo se toman decisiones durante una crisis para aprender más sobre la cultura de la organización.

Ahora bien, el papel del CIO, por lo general basado en el contacto directo y personal, debe reformularse ante el boom del trabajo a distancia. Y esto es algo que se aprecia a todos los niveles, desde colegas o miembros del equipo a clientes y proveedores. Se ha de ser más intencional y sistemático en la construcción de relaciones. Pero, ¿cómo lograrlo?

  • Dando ejemplo y adoptando el uso de nuevas tecnologías para el trabajo a distancia con tecnologías colaborativas.
  • Animando y entrenando a otros usuarios. Servirá para acelerar capacidades digitales internas y externas (y es la puerta de entrada a alentar en la capacitación y el desarrollo).
  • Se puede considerar agendar periódicamente reuniones individuales con los compañeros. La confianza puede cimentarse en la escucha de los problemas y el aporte de recomendaciones sobre las tecnologías a considerar como solución.
  • El apoyo con una comunicación constante por distintos canales reforzará la confianza.

De este modo se hace posible impactar a varios niveles y perfiles, incluidos otros C-Level a quienes se haya orientado o incluso formado durante la crisis. Una labor que se puede extender en el ambiente post-pandemia y que ayudará a mejorar la confianza, a la vez que a conocer más y mejor las operaciones corporativas. Siendo parte integrante del equipo, el CIO afianzará una posición de mayor peso de cara al futuro.

Oportunidades del CIO en la era post-pandemia

Hemos mencionado de forma destacada la confianza y la credibilidad. Potenciar estos aspectos derivará de la capacidad de cumplir con los compromisos en proyectos y servicios. Hacerlo, a su vez, ayudará para estar al tanto del estado de los proyectos estratégicos, abriéndose la posibilidad de participar activamente de las decisiones más importantes. En este sentido cabe destacar la importancia de externalizar, ahora más que nunca, las tareas y procesos que no aporten valor y estén alejados del core de la empresa. Para ello debe apoyarse en proveedores especializados, que comprendan su negocio y que puedan así, asesorarle y acompañarle en sus proyectos de digitalización.

Como es lógico, las decisiones de un CIO deben ir alineadas con los objetivos marcados por la empresa. Detectar la oportunidad en este contexto solo tiene sentido si se comprenden e interiorizan los objetivos de la organización, que con la pandemia son susceptibles de haber sufrido severos cambios. Volvemos por lo tanto a la necesidad de una gran adaptabilidad, que no debe confundirse con incapacidad para imponer un criterio válido por falta de asertividad.

En el caso de que el CIO se haya unido recientemente (o incluso durante la misma crisis sanitaria) a una organización, entonces la situación es especialmente delicada. Los planes de inversión digital, ya sometidos por regla general a una férrea cuestionabilidad, tienen más presión que nunca en un contexto de inestabilidad global. De modo que hablamos de oportunidad, sí, pero no exenta de una gran carga de responsabilidad derivada de una época llena de interrogantes. Aquí entra en juego la capacidad de liderazgo, cuyas claves exigen una transformación sustancial.

Así pues, dependiendo de la situación corporativa, el CIO tiene ante si varios escenarios posibles. La limitación de recursos puede chocar con la búsqueda de la máxima eficiencia, de modo que se hace necesario articular fórmulas que aporten equilibrio y se alineen con las prioridades a corto plazo, pero con la vista siempre puesta en los objetivos a largo plazo y el resto de departamentos. Salir airosos de este ejercicio de malabarismo, reforzará la posición una vez las cosas vuelvan a una (mayor) normalidad, y contar con el apoyo de una empresa que asesore y ofrezca servicios gestionados como es el caso de Ausum Cloud, un punto más a su favor.